viernes, 25 de mayo de 2012

Tres traductores alemanes

Raúl Olvera Mijares* publicó la siguiente entrevista con Thomas Brovot, Susanne Lange y Christian Hansen el 19 de febrero de este año, en el periódico mexicano La Jornada. La misma tuvo lugar durante el Primer Taller Mexicano-Alemán de Traducción Literaria, patrocinado por el Instituto Goethe, el Fondo Alemán para Traductores y la Fundación Robert Bosch, en el marco de la Feria Internacional del Libro Guadalajara 2011.

Traductores alemanes en México:
entrevista a tres voces

Thomas Brovot
–Al frente de un fideicomiso que otorga becas a traductores literarios y fomenta talleres de formación, Thomas Brovot, ¿cómo arrancó tu experiencia como traductor?
–Comencé a traducir en 1989 y al principio me costaba mucho trabajo. Sabía que quería dedicarme a traducir literatura pero no sabía cómo se hacía eso, luego poco a poco me fui enterando. Busqué libros atractivos, que nadie hubiera traducido antes, envié pruebas de traducción a muchas editoriales. Muchas respondían: buen libro, buena traducción, pero no es redituable, lo lamentamos. Después comencé a recibir encargos.

–Eres el traductor de Juan Goytisolo. ¿Cómo es la experiencia de trabajar con él? ¿Es tan difícil como dicen?
–Hasta la fecha llevo traducidos como diez libros suyos. La experiencia ha sido fructífera, ya que sus libros son difíciles, lo cual es de dominio público. La forma peculiar de escribir, la sintaxis, la multiplicidad de niveles en la prosa fueron un estímulo inmediato. Le escribí, sabía que estaba por llegar a Berlín, y le pregunté si podíamos conocernos. Él envió enseguida una carta de respuesta favorable, donde decía que se interesaba por su traductor, que quería conocerlo en persona. Así que tuvimos un encuentro en Berlín y desde entonces nos une una relación bastante cordial.

–¿En la actualidad te encuentras traduciendo alguna obra?
–Un libro de Juan Goytisolo que desde hace años he querido verter, Las virtudes del pájaro solitario (1988), una obra que el autor siempre ha querido publicar en alemán. En este libro se reúnen varias catástrofes del siglo XX. Es una obra con un trasfondo político y religioso, la mística árabe y la mística de san Juan de la Cruz. Todo esto se sobrepone en el libro. Una obra que cada vez se lee de modo diverso y donde se descubren siempre nuevas cosas.

Susanne Lange
–Susanne Lange, ¿puedes resumir las razones por las que te hiciste traductora?
–Conmigo sucedió a causa del gusto por el idioma. Me interesé en la literatura hispanoamericana, y como mucha de ella no estaba traducida, comencé a leer con ayuda de un diccionario y así aprender español. Después vino esta necesidad de saber cómo sonaría en alemán. Cuando leí Palinuro de México (1977), de Fernando del Paso, decidí escribir mi tesis de maestría sobre esa novela. Durante la redacción comencé a traducir, casi sin proponérmelo, y no he podido parar hasta hoy. La lengua siempre ejerció una fascinación sobre mí y la lengua, en Fernando del Paso, tiene un papel primordial. Cada capítulo está escrito en un cierto estilo y exige un estilo correspondiente en la traducción.

–¿Cuál fue el libro que siguió a ése?
–Después vinieron muchos autores hispanoamericanos, Lydia Cabrera, por ejemplo. De los mexicanos, Juan Rulfo; poetas como Octavio Paz, otros poetas españoles como Luis Cernuda, García Lorca; un cubano, José Manuel Prieto, un colombiano, Juan Gabriel Vásquez. Pero lo que me ha ocupado más tiempo, seis años, es la nueva versión alemana de Don Quijote.

–Autores que desde el punto de vista de la lengua son difíciles, arduos, ¿no es cierto?
–Sí, justo eso, porque de otra manera no tiene caso. Un texto debe presentar siempre cierta resistencia, al menos desde el punto de vista lingüístico, para que uno lo adapte y no sencillamente lo traslade, sino extraiga del propio idioma algo que quizá no era tan visible, que subyacía en estratos ocultos y que emerge cuando uno intenta recrear un idioma distinto.

Christian Hansen
–Christian Hansen, ¿cómo comenzó en tu caso el oficio de traductor?
–El oficio de traductor es extraño. Uno no puede evitarlo. Traducía de niño los libros de mi padre que estaban en español. Yo nací en Colonia. Cuando nos mudamos de ahí a Francfort, traduje de un dialecto a otro. Durante mi carrera universitaria también traducía los textos que no estaban en alemán y que los profesores con los que hacía mi tesis no dominaban. Cuando se traduce del latín se aprende cómo funciona la lengua de una manera más profunda y abarcadora que la forma en que se aprende el propio idioma. Es decir, el alemán nunca lo estudié con tanta minucia como el latín, con sus declinaciones, conjugaciones, morfología, sintaxis, incluso métrica.

–¿Te has probado como autor?
–Desde que tenía doce años escribo poemas, diarios, alguna vez quise componer piezas de teatro. Pero cuando me decidí por estudiar letras, poco a poco la escritura se fue trasformando en los trabajos académicos. Durante mi tesis doctoral en literatura comparada, asumí la traducción como mi profesión de supervivencia. Cuando comencé a traducir artículos de una revista francesa, que aparecía en alemán, ésta se convirtió en la verdadera escuela de la traducción. El salto hacia la literatura fue más bien casual. Alguien de la revista era lector de una editorial donde querían publicar un libro argentino. Un día, cuando estábamos leyendo el periódico, me preguntó si sabía español. Contesté que sí. Entonces me dio a traducir el libro. Eso fue el año de 1996. Desde entonces traduzco un libro tras otro.

–Si tuvieras la elección por parte de algún editor, ¿qué autores te gustaría traducir?
–Me gustaría traducir a Julio Cortázar, traducirlo de nuevo, mejorar lo que ya existe. Pero lo que más me gustaría sería que Roberto Bolaño estuviera vivo todavía, así podría traducir de él unas cuantas novelas más. Actualmente trabajo en Los sinsabores del verdadero policía (2011), una novela póstuma suya. Después viene La historia del pelo (2010) de Alan Pauls (1959) y luego El secreto del mal (2006), un conjunto póstumo de relatos de Bolaño. Y luego más argentinos, Patricio Pron (1975), quien reside como yo en Madrid en estos momentos.

* Raúl Olvera Mijares (1968) cursó estudios de filosofía tanto en Monterrey como en el principado de Liechtenstein. Autor de una obra que comprende novelas, ensayos, libros de cuentos, piezas de teatro y traducciones del alemán, inglés, italiano, francés, portugués y latín. Ha publicado en revistas como La Tempestad, Axiomathes de la Universidad de Trento, Anuario Filosófico de la Universidad de Navarra, Armas y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León, Provincias Internas del Centro Cultural Vito Alessio Robles, ArteletrA, Analogía Filosófica, AnáMnesis, Historias de entretén y miento y Sol de Tierra. Puntos cardinales (CONACULTA 2003) es su libro más reciente. Ha impartido cátedra en la Internationale Akademie für Philosophie im Fürstentum Liechtenstein, la Universidad Autónoma de Nuevo León, el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey y la Universidad de Monterrey. En la actualidad, en su natal Saltillo, se encuentra al frente de Lingua Franca, agencia de servicios lingüísticos y editoriales.

jueves, 24 de mayo de 2012

"El trabajo del traductor exige el mismo tipo de talento que el del escritor"


Lo que sigue es un brevísimo fragmento de una entrevista, realizada el 26 de octubre de 1988, entre Javier Marías y Caterina Visani que esta último presentó en su tesis de licenciatura. El trabajo puede consultarse completo aquí .

¿Qué opina sobre la traducción?

La traducción debe limitarse a reproducir, en el mayor grado posible, en la lengua en que se traduce, todo aquello que esté en el original. Pero es también un arte basado en un sistema de compensaciones. Hay momentos en los que uno puedo renunciar a alguna cosas de lo que dice el original, para reintroducirlo dos renglones después. Una libertad de este tipo me parece perfectamente posible y practicable: cuando hay algún impedimento, algo que molesta o que suena mal, o que no es practicable en una lengua, es cuando se puede compensar.

Por ejemplo, si renuncia a un adjetivo en un determinado momento, por alguna razón, dos o cinco líneas después puede probar a incluirlo, si no el mismo adjetivo, al menos el concepto que explicaba, e incorporarlo así a la traducción. Según mi opinión, existe un sistema de compensaciones perfectamente aplicable.

Creo que en cierto sentido el traductor es igual al escritor. Yo he traducido mucho; soy escritor, antes que traductor, y había ya escrito libros antes de traducir, pero de hecho ser traductor me ha influenciado mucho. Hay un momento en la traducción en el que no me parece que exista tanta diferencia entre el trabajo de crear, de escribir y de traducir. En definitiva, parece que el traductor se diferencia del escritor porque tiene delante un texto que debe reproducir, y se supone que este texto no le permite libertad, que lo mantiene esclavo, lo obliga, y que no puede alejarse de él. Esto es verdad hasta un cierto punto. Pero es también cierto que todas y cada una de las palabras de la traducción son escogidas por el traductor. Hay poquísimas frases, en cualquier lengua, que aceptan una traducción obligada, en mayor número quizás, en lenguas como el español y el italiano, esto quizás por su cercanía. Arthur Walley, el famoso traductor del chino al inglés, decía que frases muy simples, como "the cat chases the mouse", tienen casi una traducción obligada.

El traductor escoge siempre entre varias posibilidades, y es el que en definitiva usa una palabra en vez de otra, escoge entre los posibles sinónimos. Para seguir con el ejemplo de Walley, en español podemos traducir: El gato caza al ratón, o bien El gato atrapa al ratón, que quizás es la forma más frecuente. No seria una traducción unívoca, palabra por palabra, y por otra parte no existen traducciones "de palabras" (las traducciones no son diccionarios) pero si de conjuntos de palabras, de conjuntos de frases, de conjuntos de páginas.

Creo por eso que el traductor es como el escritor, digamos que la diferencia es cuantitativa, no cualitativa. Aunque el traductor escoge, como decía Walley: "Cada vez que he traducido he descubierto que los textos hablan por si mismos, pero it was I who did the talking (era yo quien los hacia hablar) era yo quien los formulaba, quien explicaba, no los textos".

El trabajo del traductor exige el mismo tipo de talento que el del escritor. Quizás no sea un talento inventivo, pero es relativamente el mismo en la parte técnica y sobre todo con respecto a la elección. La diferencia es cuantitativa, no cualitativa. Al menos esa es mi experiencia.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Retirar la vigilancia de las puertas de entrada

El presente texto de la traductora argentina Elena Marengo (Directora de la Maestría en Traducción de la Universidad de Belgrano, donde dicta el curso de Traducción de Ciencias Sociales) fue leído el el 17 de abril pasado en una de las mesas redondas organizadas durante las Jornadas Profesionales de la Feria del Libro de Buenos Aires, titulada "Miradas sobre el texto". Esa mesa fue coordinada por Mónica Herrero y participaron también Julia Saltzmann y Florecia Verlatsky.

The life so short, the craft so long to learn

Hace ya varios meses, una querida amiga me invitó en nombre de la Fundación El Libro a participar de estas jornadas. Respondí de inmediato que sí, que participaría, aunque no sé bien por qué; sospecho que más por vanidad que por razones más altas.

Más tarde, cuando me puse a pensar con algo de detenimiento en el compromiso que había adquirido con tanta despreocupación, vinieron las alarmas. ¿Qué podía decir yo en estas jornadas? ¿Cuál era mi “mirada sobre el texto”? Peor aún, ¿cuál era mi “mirada sobre la industria editorial”? Y a partir de esas preguntas surgidas mecánicamente del título de la mesa redonda y del ciclo fui cayendo, de a tumbos, en otras más concretas, al menos para mí: ¿qué podía decir yo de la traducción? ¿Qué podía transmitir a otros –los más jóvenes sobre todo– de este oficio que ejerzo hace tantos años? ¿Qué había hecho yo, a fin de cuentas, qué había aprendido arando textos?

Entonces recordé un verso famoso de Chaucer, el comienzo de The Parliament of Fowls, que recoge hermosamente una idea antiquísima en la cultura occidental, idea que Borges atribuye a Virgilio, pero que aparece en otros autores latinos porque viene de más lejos aún, del primer aforismo de Hipócrates por lo menos. A esa idea medular en nuestra cultura y que aún recordamos a veces con la parquedad del latín (Ars longa, vita brevis), Chaucer la expresó así: “The life so short, the craft so long to learn”.

Y la recordé porque eso es lo que sentía, no por la fugacidad del tiempo en sí, que es otro tema, sino porque a la mayoría de nosotros la vida no nos alcanza ni siquiera para dominar un oficio como querríamos. Eso fue lo primero que pensé con respecto a estas jornadas, pero casi enseguida, cuando escribí el verso de Chaucer, se apoderó de mí el duende de la deformación profesional. La versión de Chaucer –que invierte el orden de la formulación latina– me sorprendió porque la vi mucho más apta que el abstracto laconismo latino; más apta por su ritmo cansino, que evocaba para mí más vívidamente la fatiga de los años y, sobre todo, las desilusiones del quehacer y la reconciliación con lo que nos es posible lograr en tan corto tiempo.

Sentí que esa frase era una suerte de respuesta a las otras preguntas, una respuesta en otro sentido: el de una voz venida de muy lejos que no me dejaba sola con mis desconciertos.

Pero después sobrevino lo inevitable: el oficio, la afición por la literatura, la seducción que ejercen las palabras y sus misterios me soplaron al oído otra pregunta más concreta que tal vez puede servir también para responder todas las otras: ¿por qué ese verso de Chaucer me parecía tan eficaz?

Dije que tenía un ritmo cansino, que no es exactamente lo mismo que cansado ni cansador; se inclina más hacia lo despacioso, tal vez lo vacilante, pero acompasado e ininterrumpido. Está ahí el cansancio, imposible negarlo, pero también la permanencia o la terquedad.

Tanta charla, dirán ustedes, para explicar por qué prefería el ritmo del verso de Chaucer. Y es que esa andadura cansina que no cede con todo a la quiescencia es uno de los méritos del verso en inglés, forma parte de su eficacia evocadora y explica, creo, mi repentino interés por él, más allá del tema, que a todos nos mueve y nos conmueve. La impresión cansina de ese verso tiene que ver específicamente con su forma y con el inglés. Veamos.

Si observamos su forma, vemos que está neta y gráficamente dividido en dos partes por una coma; en la primera parte (breve) se habla precisamente de la brevedad de la vida; en la segunda parte (más larga) se habla del oficio o, más bien, de lo mucho que uno tarda en aprenderlo. En otras palabras, la contraposición conceptual, abstracta, se encarna en la forma concreta. O, mirando las cosas de otra manera más productiva a mi parecer, la forma concreta da vida a la contraposición abstracta, la da a luz. No de otro modo pensamos una vez que accedemos al lenguaje.

Ahora voy a destacar otro mérito de la formulación de Chaucer, que al escuchar el verso en medio de esta charla puede pasar inadvertido. Escuchémoslo, pues, aislado:




The life| so short,| the craft |so long | to learn |



Desde luego, cualquiera advierte que es un pentámetro yámbico, cuyo pulso es uno de los pilares de la poesía inglesa. Pero hay más. Hay una rama de entonación ascendente ( ) y luego otra descendente ( ) en las dos partes que lo integran, pero en la segunda la porción descendente se prolonga (a partir de “so long”), de modo que el complemento preposicional (“to learn”) se pronuncia en un tono de voz muy bajo, muy quedo, como desfalleciendo. Y ese tono se engarza a la perfección con el clima algo quejoso que impregna el aforismo en su versión inglesa.

Y si escuchamos más atentamente aún para desentrañar el secreto de esa eficacia que mencionamos, averiguar cuál es su mecanismo de relojería, advertiremos otro elemento característico de la poesía inglesa, la cuasi aliteración en “so short”, que transforma esas palabras en una especie de suspiro.


                         ˘    ¯   |  ˘    ¯     |   ˘     ¯     |  ˘    ¯   |     ˘     ¯   |
The life| so short,| the craft | so long | to learn |



Como ya estaba metida hasta el cuello en la marea de las palabras, se me despertó también otro vicio, la adicción a trasladarme de una lengua a otra. Me pregunté entonces: ¿cómo podríamos traducir al castellano el verso de Chaucer? En una conocida conferencia, Borges hace una traducción utilitaria, “literal”, aunque él no se anotaba entre los partidarios de la traducción literal, casi lo contrario. Y traduce: “La vida tan breve, el arte tan largo de aprender”, que está muy bien, desde luego. Pero, ¿cabría mejorar esa versión, mejorarla en el sentido, sí, de “domesticarla”, de obligar a esa idea tan antigua –ajena, sí, pero visceral al mismo tiempo– a vestir más donosamente las ropas del castellano? (Aclaro algo: no es que yo sea partidaria de “domesticar” un texto extranjero, para nada. La posibilidad de hacerlo se me ocurrió como ejercicio, tal vez porque ese aforismo ha pasado ya por tantas lenguas, lleva tantos siglos entre nosotros que podríamos decir que es de todos. Y como es de todos, me sentí autorizada a explorar la posibilidad de expresarlo de una forma más afín al genio de la lengua.) Sin la certeza de arribar a buen destino, siguiendo el rumbo incierto pero fructífero de las asociaciones, una especie de protocolo oral, compartido con ustedes ahora, de lo que se me ocurre y me ocurre ante un texto cuando pienso en su traducción a mi lengua materna.

Por supuesto, lo primero que me vino a la mente fue el comienzo de las coplas de Jorge Manrique:

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando

Asociación obligada por el tema, dirán. Por supuesto. Pero no fue exactamente eso lo más importante. Apenas me recité en silencio esos versos inolvidables si los hay, me di cuenta de que no los recordaba por la proximidad del tema clásico de la fugacidad de la vida, el paso inexorable del tiempo. Tampoco se debía a la cercanía espiritual que podría existir entre un castellano del siglo XV y un inglés del siglo XIV, los dos de la Baja Edad Media, los dos anteriores a la Reforma. No. No fueron esos datos históricos o culturales los que convocaron las coplas a mi oído. Fue otra cosa. El pie quebrado. El contraste entre el paso imperioso de los octosílabos iniciales (Recuerde el alma dormida, / avive el seso y despierte), que es el de un mandato, y la brusca sordina de los tetrasílabos, que cambian la atmósfera porque alteran el ritmo y el rumbo del pensamiento; son como un desfallecer. Eso, ese síncope del pie quebrado tal como lo usa Manrique en la primera sextilla fue lo que me vino al oído, como un eco de esa rendición o resignación que creía oír en la entonación descendente del “so short” en Chaucer.

Esa fue la primera asociación, sonora como se puede ver. Sólo después reflexioné sobre la época, el tema del tiempo que huye, todas esas ideas más abstractas, que dependen de mecanismos más intelectuales.

La segunda asociación fue más formal, sintáctica si se quiere, pues tenía que ver con el elemento que establece el contraste en la frase de Chaucer, esa casi inaudible partícula so:
so short ….so long

Seguramente –no lo recuerdo– pensé de inmediato: tan breve…. tan largo, como en la traducción de Borges, pero como soy hispanoamericana, enseguida me resonó en el oído algo totalmente extemporáneo en el sentido más estricto de la palabra, algo que no tiene nada que ver con el tema del verso de Chaucer, algo traído por mera analogía formal y auditiva, un dicho de otros ámbitos, con otras pretensiones y otro alcance. Un dicho mexicano que todos ustedes conocen seguramente:

¡Pobre México! Tan lejitos de Dios, tan cerquita de Estados Unidos.

Asociación totalmente descartable pensando en la temática de Chaucer. Sin embargo, quedó resonando. No pude desprenderme de ella. Y, como me seguía repicando en el oído, las asociaciones siguieron esa nueva senda, exclusivamente formal. Me pregunté si en nuestra lengua no convenía comenzar por el cuantificador “tan”. Y traducir entonces:

Tan corta la vida, tan largo de aprender el arte.

¿Cuál era la diferencia entre esta versión y la “literal”? ¿En qué radicaba? Vemos que hay un cambio de orden que implica un cambio de foco: en el original de Chaucer y en la traducción “literal” el tema de la primera parte es la vida; el de la segunda, el arte. Es decir, Chaucer compara la vida y el arte (Vida ßà Arte): esos son los dos temas. Y el rema, lo que se dice de la vida es que es breve; y del arte, que es largo (difícil, lento) de aprender. Con el cambio de orden, el tema de la primera parte es otro: algo muy breve, lo breve tal vez; y el de la segunda, algo muy largo, algo trabajoso. Y sólo luego se dice que lo breve es la vida y lo largo de aprender es el arte. ¿Se justificaba, entonces, la inversión? ¿Había, al menos, argumentos para defenderla? Pensé y pienso que sí. Hay una motivación doble que sugiere la pragmática: en nuestra lengua castellana el cuantificador tan lleva casi siempre énfasis tónico, sobre todo en posición temática. Por eso mismo, en este caso subraya el contraste y no la comparación. Pero hay otra razón más pragmática todavía: en castellano, cualquier frase iniciada con tan parece anticipar una exclamación, mejor dicho, una intención en el decir que no tiene tanto que ver con la exposición de una idea sino con la expresión de un sentimiento, un afecto. En este caso, a mi manera de ver, una especie de lamento seguido de una reconciliación en sordina con la artesanía, el arduo, tal vez interminable, aprendizaje de un oficio.

Por ende, el efecto de poner tan en posición temática no era solo sonoro, tenía que ver con la pragmática de nuestra lengua, estaba vinculado con cómo se formulan en castellano las expresiones de matiz exclamativo. Es evidente que podríamos decir, por ejemplo, Qué corta la vida, qué largo de aprender el arte, sin apartarnos de la idea. Pero, en esta última formulación, pese al orden exclamativo, la frase adquiere para mí un tinte más informativo, pierde intensidad.

Intensidad, entonces, ¿ese era el sentimiento que sugería la inversión temática del verso de Chaucer? Pienso que es muy probable. Y aquí suspendo las asociaciones, que podríamos seguir, sin duda. Dejo planteada la pregunta.

No sé si he respondido a las expectativas de un tema tan amplio como “Miradas sobre el texto”. Mi intención fue contar, transmitir, lo que me sucede cuando abordo un texto: las asociaciones vienen a mí y las dejo venir en su tropel desordenado y muchas veces disparatado. Sólo después intento ejercer una vigilancia crítica.

Para mí ésta que acabo de mencionar es la cuestión fundamental en nuestro oficio y creo que en todos: el lugar (o el momento) que le cabe a la imaginación y el que le cabe a la razón. Así, con este tema del momento de la imaginación y el de la razón, que me parece de suma importancia para cualquier artesano, voy a terminar, según lo explica –mucho  más bella y precisamente de lo que yo podría hacerlo– un gran poeta alemán, que cito de segundas fuentes.

En La interpretación de los sueños, Freud cita una carta de Friedrich Schiller dirigida a un escritor de su época, en la que se manifiesta en contra de la coerción que la razón ejerce sobre las facultades imaginativas. Textualmente, Schiller dice:

Expresaré mi pensamiento por medio de una comparación plástica. No parece provechoso para la obra […] el que la razón examine demasiado penetrantemente y en el mismo momento en que llegan ante la puerta, las ideas que van acudiendo. Aisladamente considerada, puede una idea ser harto insignificante o aventurada, pero es posible que otra posterior la haga adquirir importancia o que, uniéndose a otras tan insulsas como ella, forme un conjunto nada despreciable. La razón no podrá juzgar nada de esto si no retiene las ideas hasta poder contemplarlas unidas a las posteriormente surgidas. […] Vosotros, los señores críticos, o como queráis llamaros […] rechazáis demasiado pronto las ideas y las seleccionáis con excesiva severidad.

Creo que nosotros, los traductores, también tenemos que “retirar la vigilancia de las puertas de entrada”, tenemos que abandonarnos a la imaginación y sólo después juzgar lo que ella nos ha aportado.


lunes, 21 de mayo de 2012

Ya saben dónde se pueden meter el ".es"

Leon Hunter S.L. es una agencia de "traducción jurada" (traducción pública) del inglés al castellano y del castellano al inglés, situada en Madrid. Además del acostumbrado blablá marketinero de todas las agencias, ésta tiene un blog pedorro, que de vez en cuando pretende tener ese gracejo que tan divertidos hizo a los Parchís. En una de sus entradas se comenta no sin cierto regocijo que la mayor parte de los blogs situados en Latinoamérica y en los Estados Unidos en España pierden su localización y se convierten en ".es", lo cual no es más que un nuevo avasallamiento por parte de los hermanos peninsulares, que, de ese modo, se arrogan un derecho que nadie les ha concedido. La información puede chequearse acá , y cada cual sabrá qué quiere hacer con ella.

sábado, 19 de mayo de 2012

Breve resumen que remite a la entrada del 15 de mayo y a los graves comentarios allí vertidos

El 4 de mayo pasado Martina Fernández Polcuch planteó una serie de cuestiones en este blog a consecuencia de cosas que se dijeron en la presentación de La traducción en América Latina, libro compilado por Gabriela Adamo, en la última Feria del Libro de Buenos Aires.

Se produjo entonces un breve debate a propósito de los distintos modos de llegada a la traducción literaria. Mientras el Administrador de este blog propugnó la experiencia de escritura, Martina se manifestó por la enseñanza de la traducción. Otras personas intervinieron en la discusión y puede decirse que hasta ahí todo transcurrió cordialmente.

Sin embargo, en cierto momento del intercambio, el Administrador nombró a la AATI, cuestionando su representatividad en virtud de la forma en que está estructurada esa institución. Esa circunstancia motivó la participación de María Laura Ramos, vicepresidente de la AATI, quien señaló que la actual gestión recibió una reglamentación que consideraba perfectible, ofreciendo luego una serie de explicaciones que quien estas palabras escribe juzgó insuficientes.

Como por la lógica de funcionamiento de todo blog esa discusión, por cierto interesante, empezaba a quedar demasiado lejos de la atención de los lectores, el Administrador volvió a reproducir los dichos de María Laura Ramos –quien, por entonces, declaraba su volunta de debatir estas cuestiones– en una nueva entrada correspondiente al 15 de mayo. Luego, dada la índole de las respuestas de Ramos, se le pidieron nuevas aclaraciones a sus dichos, pero éstas nunca llegaron.

No obstante, en los comentarios corrrespondientes a esa entrada, el traductor Miguel Wald reclamó otras aclaraciones y, a su vez, solicitó que la AATI explicara su política de expulsión de asociados, lo cual agregó un nuevo e inquietante aspecto a los pedidos de transparencia que se le venían haciendo a la institución en este blog.

Para sorpresa del Administrador y de muchos lectores, comenzaron entonces a llegar testimonios de varias personas expulsadas de la AATI, quienes sumaban así sus voces a los pedidos de transparencia. Todo esto puede ser leído tanto en la entrada del día en cuestión como en los comentarios que la siguen.

Dada la gravedad del caso y el silencio de la AATI, el Administrador ha decidido entonces no sumar nuevas entradas y dejar colgada la entrada del sábado 19 de mayo durante varios días para que la mayor cantidad de lectores posible pueda leer lo que allí se dijo. También para propiciar los comentarios que deseen agregar otros lectores y, por supuesto, en el caso de que juzguen importante hacer públicos sus puntos de vista, las autoridades de la súbitamente silenciosa AATI.

viernes, 18 de mayo de 2012

Jorge Dana: "El traductor oculto"

La reunión del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires del jueves 17 de mayo pasado tuvo como invitado al cineasta Jorge Dana. Sugestivamente, su charla se llama "El traductor oculto" y se refiere a cuatro instancias distintas: dos vinculadas al cine, una a la novela y otra a la vida de los argentinos en países donde no se habla castellano. 
La grabación puede verse y oírse aquí.

Cineasta y novelista, Jorge Dana ha enseñado Historia del Cine, Escritura de Guión y Realización tanto en Londres como en París, ciudad esta última en la que vive desde 1969.

miércoles, 16 de mayo de 2012

El SPET revisa la traducción en Latinoamérica

Los amigos Griselda Mársico y Uwe Schoor, a cuyo cargo está el SPET este año, nos envían los datos de la próxima actividad que realizan. Como dada la trascendencia de la publicación no podía ser de otra forma, trabajarán sobre el libro compilado por Gabriela Adamo. Abajo, la información.

La reunión del SPET del mes de mayo

En el próximo encuentro del SPET, que tendrá lugar el miércoles 30 de mayo a las 18:30 en el Salón de Conferencias del IES en Lenguas Vivas (Carlos Pellegrini 1515), nos ocuparemos del libro La traducción literaria en América Latina, compilado por Gabriela Adamo (Buenos Aires, Paidós, 2012).

A modo de invitación a la discusión, se ofrecerá una lectura a cargo de Alejandrina Falcón.

Alejandrina Falcón es Licenciada en Letras por la UBA, becaria del CONICET, profesora interina de Estudios de Traducción en el Traductorado de Alemán del IES en Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández” y traductora del francés. Ha participado en varios proyectos de investigación, por ej. en “Reescrituras de lo foráneo: la traducción interlingüística en la Argentina” (UBACyT/Directora: Patricia Willson). Su proyecto de tesis doctoral se titula: “Exilio, literatura y mercado: importadores argentinos de literatura extranjera en España (1976-1983)”.

Como lectura sugerida, dejamos tres capítulos del libro en la fotocopiadora del Lenguas Vivas (edificio nuevo, subsuelo, al lado de la Biblioteca General):

-Anna Gargatagli: “Escenas de la traducción en la Argentina” (pp. 25-51)

-Edda Armas: “La traducción en Venezuela. Un ejercio de amplitud, curiosidad e intercambio” (pp. 83-112)

-Lucrecia Orensanz: “La traducción literaria en México (a principios del siglo XXI)” (pp. 141-161)

En su blog, el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires publicó partes de los capítulos de Anna Gargatagli, Lucrecia Orensanz y Andrés Ehrenhaus.

SPET - IESLV "J.R. Fernández"
Carlos Pellegrini 1515
1011 Buenos Aires
Argentina
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spetlenguasvivas.blogspot.com